El Poder de Satanás

de Phil Ware

 

En cuanto a ustedes, estaban muertos en sus transgresiones y pecados, en los que acostumbraban vivir cuando seguían los caminos de este mundo y del gobernante del reino del aire, el espíritu que ahora actúa en los que son desobedientes. (Efesios 2:1-2)

Un equipo de Judíos quienes estaban viajando de ciudad en ciudad expulsando espíritus malos intentando invocar el nombre del Señor Jesús. La incautación que utilizaron fue este: "¡En el nombre de Jesús, a quien Pablo predica, les ordeno que salgan!" Los que hacían esto fueron los siete hijos de Esceva, uno de los jefes de los sacerdotes. Sin embargo, cuando lo intentaron con un hombre poseido de un espíritu maligno, el espíritu respondió, "Conozco a Jesús y sé quién es Pablo, pero ustedes, ¿quiénes son?" Y se tiró encima de ellos, atacandolos con tanta violencia que tuvieron que huir de la casa desnudos y heridos.

"Cuando se enteraron los judíos y los griegos que vivían en Efeso, el temor se apoderó de todos ellos, y era engrandecido el nombre del Señor Jesús. Muchos de los que creyeron ahora llegaban y confesaban públicamente sus maldades. Varios de los que habían practicado la hechicería juntaron sus libros, los trajeron y los quemaron públicamente. Cuando calcularon el precio de aquellos libros, resultó un total de cincuenta mil dramas. Así se difundía extensamente y se hacía fuerte la palabra del Señor." (Hechos 19:13-20).

Vivimos en una época que no reconoce el poder de la maldad. Con más facilidad la gente lo acepta cuando se trata de personas quienes copan aviones con el propósito de estrellarlos contra rascacielos o quienes explotan bombas en los subterraneos, buses o al lado de las mezquitas matando y hiriendo a miles de personas. Estos casos obvios de maldad son denunciados pronto y públicamente. Sin embargo, de algún modo estamos sufriendo en la comunidad cristiana un problema serio por no hacer la conexión entre la maldad y el pecado. Hemos aceptado la definición del pecado muy popular en el mundo moderno, lo de "no dar en el blanco." Así hemos separado el pecado individual del poder y artimañas del Maligno, lo que es claramente la preocupación apostólica que encontramos en el Nuevo Testamento. Cuando fue la última vez que escuchó a un predicador hablar a los cristianos, advertiendoles como lo hace el Espírtu Santo en la carta a los Hebreos?

"Cuídense, hermanos, de que ninguno de ustedes tenga un corazón pecaminoso e incrédulo que se aparte del Dios viviente. Más bien, anímense unos a otros cada día, mientras dure este "hoy", para que ninguno de ustedes se endurezca por el engaño del pecado. Hemos llegado a tener parte con Cristo con tal que retengamos firme hasta el fin la confianza que tuvimos en el principio. (Hebreos 3:12-14)

Se nos dio la gracia para rescatarnos de este poder, no para darnos una entrada libre para jugar con el pecado y así llegar a estar atrapados otra vez por el poder de Satanás. El autor San Judas nos recuerda de este error cuando dice,.

"Porque se han infiltrado entre ustedes ciertos individuos, de quienes hace mucho tiempo se escribió que habrían de ser condenados. Son impíos que toman la gracia de nuestro Dios como pretexto para una vida desenfrenada, y niegan a Jesucristo, nuestro único Soberano y Señor" (San Judas 4)

Las palabras del Apóstol Pedro a los cristianos primitivos son a propósito muy fuertes porque Dios quería darles el aviso de no jugar con la oscuridad y sus engaños:

"Si han escapado de la corrupción del mundo por haber conocido a nuestro Señor y Salvador Jesucristo, y vuelven a enredarse en ella y son vencidos, terminan en peores condiciones que al principio. Más les hubiera valido no haber conocido el camino de la justicia que, después de haberlo conocido, abandonar el santo mandamiento que se les transmitió. En ellos se cumplen los acertados proverbios: "El perro vuelve a su vómito, y la cerda lavada vuelve a revolcarse en el lodo." (2 Pedro 2:20-22).

Realmente solo hay dos lados en la batalla para las almas de los hombres y mujeres: o obedece a Dios o se pertenece al Maligno (Efesios 1:1-2). El Maligno hace mucho esfuerzo para distorcionar a esta verdad en cuanto a esta elección clara. (2 Corintios 11:14; Juan 8:43-44). Sin embargo, sus intenciones para los que le pertenecen se hacen obvios en Marcos 5. Miren lo que sus poderes malignos habían hecho a este hombre: había perdido por complete sus identidad y vida a Satanás. Lo conocemos solo por el nombre "Legión" no su nombre verdadero, sino su identidad como uno controlado por Satanás. Estaban aislado de los demás, se hacia daño, era increíblemente fuerte por el poder del Maligno y vivía una vida trágica en el lugar de los muertos (Marcos 5:1-9). La memoria de este hombre en la mente del Apóstol Pedro no se perdió cuando después advertió a los cristianos, "Cuídense! Estén alerta por los ataques del Diablo, su gran enemigo. Ronda como león rugiente, buscando a quién devorar." (I Pedro 5:8)

Tenían que hacer una elección en cuanto a sus lealtades.

Cuando la gente vino a Cristo por primera vez en Efeso, se les enseñó que tenía que hacer una elección en cuanto a sus lealtades-o Dios o Satanás. El Apóstol Pablo les escribió para advertirles de no volver a jugar con el pecado porque significaba abrir la puerta a los ataques de Satanás. Les recuerda a ellos tanto a nosotros, que Dios nos ha creado para algo muy superior, que somos "hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para hacer las buenas obras que de antemano Dios dispuso que hiciéramos." (Efesios 2:10) Tenemos el poder de resistir a los ataques y tentaciones de Satanás en nuestras vidas (Santiago 4:7; Efesios 4:7; 3:14-21) pero buscar a este poder también quiere decir que el jugar con el pecado nos hace un enemigo de Dios (Santiago 4:4). Debemos de entender que estamos en una lucha verdadera; una guerra con poderes invisibles y feroces (Efesios 6:10-12).

¿Qué es, entonces, lo importante de todo esto?

Entendamos que cuando nos encontramos cara a cara con las tentaciones que estamos en una guerra. Una batalla para nuestras almas entre el cielo y el infierno.

Hagamos el compromiso al Señor que no vamos a jugar con el pecado porque no queremos tener nada que ver con el pecado porque honra al Maligno.

Seamos honestos con nosotros mismos: debemos de rechazar el estilo de vida que busca acercarse lo más cerca posible al pecado sin cometerlo. El pecado es mucho más que "no dar en el blanco": es el ofrecer nuestros corazones al Maligno y invitarlo que entre en nuestro mundo a ejercer su poder y control.

 

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